Yoga y emociones: cómo liberar tensiones acumuladas

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¿Te has sentido alguna vez con demasiada responsabilidad, como si llevaras el peso del mundo sobre tus hombros? Quizás también has notado que después de un día especialmente difícil, tu espalda se queja más de lo habitual. No es casualidad. Nuestro cuerpo guarda la memoria de todo lo que vivimos, y cuando no procesamos nuestras emociones, ellas encuentran otros caminos para expresarse.

El yoga, mucho más que una serie de posturas físicas, se convierte en una puerta hacia esa liberación emocional que tanto necesitamos. Es un espacio donde podemos encontrarnos con nosotros mismos sin engaños, donde cada respiración nos invita a soltar un poco de esa carga invisible que llevamos día tras día.

En el blog de hoy mi intención es que entiendas cómo las emociones viven en tu cuerpo y cómo el yoga puede convertirse en tu aliado más poderoso para liberar esas tensiones que día a día se van acumulando con el tiempo.

¿Qué relación hay entre las emociones y el cuerpo?

Cómo se manifiestan las emociones no expresadas en el cuerpo

Imagina por un momento que tu cuerpo es como una esponja emocional. Cada vez que callas algo que te duele, cada frustración que no expresas, cada lágrima que contienes, cada «estoy bien» cuando en realidad no lo estás, hace que esa esponja se vaya llenando,  y se va filtrando en tus tejidos, músculos y órganos. No desaparecen por arte de magia; simplemente cambian de forma, porque las emociones son energía y la energía que no se libera se estanca y queda atrapada en el cuerpo.

La tristeza puede instalarse en tu pecho, creando esa sensación de pesadez y de apatía que a veces no sabes de dónde viene. La ira, cuando no encuentra su salida, puede manifestarse como tensión en la mandíbula o dolor en las cervicales, dolor de cabeza. El miedo, ese compañero tan familiar que a veces nos paraliza, puede alojarse en el estómago, creando nudos y molestias digestivas que nos acompañan sin que entendamos el porqué.

Nuestro sistema nervioso, esa red inteligente que conecta todo nuestro ser, no distingue entre una amenaza real y una emocional. Cuando vivimos situaciones de estrés emocional prolongado, nuestro cuerpo responde como si estuviera en peligro constante, manteniendo músculos contraídos y sistemas en alerta.

 

Tensión física como reflejo de cargas emocionales

A veces las emociones pesan, y no solo en nuestro corazón…Nuestro cuerpo tiene su propio mapa de cómo guarda esas cargas. Cada persona tiene una “geografía” distinta del dolor emocional: para algunos, la ansiedad se siente como un nudo en el estómago; para otros, como una presión en el pecho. El enfado, la ira, puede aparecer como un dolor de cabeza o una tensión constante en los hombros.

Estos patrones no son al azar, sino que son patrones que se van formando desde que somos pequeños, según la manera en la que aprendimos a gestionar lo que sentimos (en otro blog hablaré de ello desde la mirada del Eneagrama de la personalidad). Por ejemplo, si creciste en un ambiente donde mostrar tristeza no estaba bien visto, es posible que hayas aprendido a contenerla, y que tu cuerpo aún guarde ese recuerdo.

 

El cuerpo como puente entre lo que sentimos y lo que callamos

Nuestro cuerpo habla un lenguaje muy claro, aunque a veces preferimos no escucharlo. Esa contractura que aparece siempre en el mismo lugar, esa sensación de cansancio que no se va por muchas horas que descanses, esa sensación de falta de aire sin una razón clara… son mensajes de emociones que piden ser vistas y escuchadas.

El cuerpo no miente. Cuando nuestra mente se esfuerza por mantener todo bajo control, el cuerpo nos susurra (y a veces nos grita) la verdad de lo que realmente estamos sintiendo. Es nuestro sistema de alarma más honesto y, al mismo tiempo, nuestro mayor maestro que nos acompaña en el camino hacia la sanación emocional.

 

Aprender a escuchar estas señales es el primer paso para soltar las tensiones acumuladas. Porque, cuando comenzamos a prestar atención a nuestro cuerpo, a lo que el cuerpo nos dice,  también comenzamos a prestarnos atención a nosotros mismos de una manera más profunda y amorosa. 

El yoga como vía de liberación emocional

 

Cómo el yoga nos ayuda a aliviar las tensiones físicas y emocionales

El yoga actúa como un bálsamo para nuestro sistema nervioso alterado. Cuando practicamos yoda, nos movemos con conciencia, respiramos con intención y nos permitimos estar presentes, y aquí ocurre algo mágico y es que, el cuerpo comienza a recordar su estado natural de relajación.

A través de las asanas (posturas), estiramos, ejercitamos, movemos partes de nuestro cuerpo que han estado contraídas por mucho tiempo. Pero el yoga va mucho más allá del estiramiento físico. Cada asana es una invitación a encontrarnos con lo que está ahí, sin juzgarlo, sin intentar cambiarlo inmediatamente, simplemente reconociéndolo.

Cuando sostenemos una postura y respiramos en ella, estamos creando un espacio seguro para que las emociones se mueva, por lo que puede ocurrir  que durante la práctica surjan lágrimas, suspiros profundos, bostezos o incluso sensaciones de liberación que no podemos explicar con palabras. Todo esto es parte del proceso natural de soltar, de dejar ir.

 

Respiración, movimiento y presencia: la tríada terapéutica

Estos tres elementos forman el corazón sanador del yoga. La respiración consciente es quizás la herramienta más poderosa que tenemos para calmar nuestro sistema nervioso. Cada vez que inhalamos profundamente y soltamos con la exhalación , enviamos una señal clara a nuestro cuerpo: «Está bien, puedes relajarte».

El movimiento consciente nos invita a explorar nuestro cuerpo con curiosidad, sin prisas y tampoco se trata de forzar ni de alcanzar posturas perfectas, sino de movernos con respeto y sin juicio hacia nuestras propias limitaciones. Cada movimiento puede convertirse en una conversación amorosa con nuestro cuerpo.

Y La presencia, ese estado de estar aquí y ahora, es lo que transforma una secuencia yoga en una práctica de sanación. Cuando estamos presentes, podemos observar sin juzgar, sentir sin resistir, y permitir que la sabiduría natural de nuestro cuerpo haga su trabajo: liberar, soltar, sanar.

 

Cómo influye el yoga en el sistema nervioso y emocional

El yoga tiene un efecto directo en nuestro sistema nervioso autónomo, esa parte que regula funciones como el ritmo cardíaco, la digestión y la respuesta al estrés. A través de la práctica regular, fortalecemos el sistema nervioso parasimpático, responsable de la relajación y la recuperación.

Esta influencia se extiende a nivel emocional. Cuando nuestro sistema nervioso está más equilibrado, tenemos mayor capacidad para lidiar con los desafíos emocionales de nuestra vida diaria. Desarrollamos lo que podríamos llamar «resistencia emocional»: la habilidad de sentir intensamente sin ser arrastrados por la intensidad.

El yoga también estimula la producción de neurotransmisores como la serotonina y las endorfinas, conocidas como las «hormonas de la felicidad». Esto explica por qué muchas personas sienten una sensación de paz y bienestar después de la práctica, incluso cuando han liberado emociones difíciles durante la sesión.

 

Señales de que necesitas liberar emociones a través del cuerpo

Sensación de bloqueo o cansancio constante

¿Te despiertas cansado aunque hayas dormido ocho horas? ¿Te sientes bloqueado y no entiendes el por qué? A veces esa sensación de cansancio puede ser aquellas emociones que consumen nuestra energía desde dentro. 

Cuando reprimimos emociones, nuestro cuerpo tiene que trabajar constantemente para mantenerlas contenidas. Es como tener músculos en tensión permanente: agota nuestros recursos energéticos. Esta fatiga emocional puede manifestarse también como sensación de estar desconectado de tu propio cuerpo, como si fueras un espectador de tu propia vida.

El bloqueo emocional también puede sentirse como rigidez física, o como la sensación de tener un nudo permanente en alguna parte del cuerpo que nunca parece disolverse completamente.

 

Irritabilidad, ansiedad o llanto sin motivo aparente

Como ya he comentado, la emoción es energía, por lo que las emociones que reprimimos necesitan encontrar una salida, y cuando no les damos una forma consciente de expresarse, de poder liberarlas de alguna manera aparecen. ¿cómo? pues igual de repente reaccionas de manera desproporcionada ante algo que te han dicho. 

A veces esa sensación de inquietud que no puedes vincular a ningún problema específico, a menudo es el resultado de emociones que no han sido procesadas adecuadamente. Tu sistema emocional está en alerta, tratando de llamar tu atención hacia algo que necesita ser sentido y liberado.

Estos síntomas no son señal de debilidad o falta de control; son indicadores de que tu sistema emocional está pidiendo espacio y atención. Son invitaciones a detenerte y preguntarte qué necesitas realmente en este momento.

 

Dificultad para dormir o respirar con profundidad

El sueño reparador y la respiración profunda suelen ser dos de los primeros aspectos que se ven afectados cuando cargamos con tensiones emocionales no procesadas. Si tu mente se acelera en el momento en que tu cabeza toca la almohada, si sientes que no puedes llenar completamente tus pulmones, o si despiertas varias veces durante la noche sin razón aparente, tu cuerpo puede estar pidiendo liberación emocional.

La respiración superficial es una respuesta natural al estrés emocional. Cuando estamos en modo de supervivencia emocional, respiramos como si estuviéramos huyendo de algo, incluso cuando estamos físicamente seguros. Esta respiración limitada perpetúa el ciclo de tensión y mantiene activo nuestro sistema de alerta.

El insomnio emocional es diferente al insomnio por cafeína o por ruido. Es esa sensación de estar cansado pero «conectado», como si tu sistema nervioso no supiera cómo apagarse. A menudo viene acompañado de pensamientos circulares o sensaciones físicas de inquietud.

 

Prácticas de yoga para reconectar con lo emocional

Posturas suaves que invitan a soltar

Las posturas más transformadoras para la liberación emocional no son necesariamente las más complicadas. Posturas como la del niño (Balasana) crean un refugio seguro donde podemos conectar con nuestra vulnerabilidad sin sentirnos expuestos. Es una posición que nos recuerda que está bien necesitar protección y cuidado.

Las torsiones suaves, actúan como un masaje interno para nuestros órganos y ayudan a liberar tensiones profundas. Imagina que estás «exprimiendo» suavemente las emociones atascadas, permitiendo que fluyan y se muevan.

Las flexiones hacia adelante nos invitan a la introspección. Posturas como Paschimottanasana (flexión hacia adelante) o Janu Sirsasana nos ayudan a parar y observarnos mientras que vamos respirando en un estado que invita a la meditación, creando un espacio íntimo de encuentro con nosotros mismos.

Las aperturas de pecho, aunque pueden sentirse vulnerables al principio, son especialmente poderosas para liberar emociones guardadas en el área del corazón. Posturas como Matsyasana (postura del pez) o simplemente acostarse con un bolster bajo el corazón pueden ayudar a abrir espacios emocionales que han estado cerrados.

 

Respiración consciente para desbloquear tensiones

La respiración es el puente más directo entre nuestro estado físico y emocional. Técnicas de respiración como “Anuloma Viloma”,respiración cuadrada, respiración completa entre otras, nos ayudan a calmar el sistema nervioso y crear espacio para que las emociones se muevan.

La respiración abdominal profunda no solo oxigena mejor nuestro cuerpo, sino que también masajea nuestros órganos internos y estimula el nervio vago, que tiene un efecto calmante directo en nuestro sistema nervioso.

El pranayama o respiración consciente puede incluir técnicas como la respiración alterna que equilibra los hemisferios cerebrales, u otros tipos de respiraciones que nos permiten liberar tensiones de manera más expresiva y vocal.

 

Espacios de pausa, silencio y escucha corporal

Los momentos de quietud son tan importantes como el movimiento en la práctica de yoga emocional. Después de cada secuencia de posturas, permitirse unos minutos en Savasana para observar las sensaciones que surgen es fundamental para integrar la experiencia.

Durante estos espacios de silencio, puedes practicar el escaner corporal: recorrer mentalmente tu cuerpo desde los pies a la cabeza, notando qué zonas se sienten diferentes después de la práctica, dónde hay más calor, más relajación, o incluso dónde aparecen nuevas sensaciones.

La meditación en movimiento, donde permaneces consciente de cada transición entre posturas, también crea espacios de pausa dentro del movimiento. No se trata de moverse lentamente, sino de moverse conscientemente.

 

Cómo integrar el yoga emocional en tu día a día

Ritual breve para antes de dormir o al despertar

Un ritual matutino puede ser tan simple como unos minutos de respiración consciente antes de levantarte de la cama. Coloca una mano en tu pecho y otra en tu tripa y mientras respiras pregúntate cómo estás y cómo quieres empezar el día… mientras vas respirando  notando cómo se mueven tus manos. 

Por las noches, una secuencia suave puede incluir la postura de las piernas en la pared (Viparita Karani) durante 5-10 minutos. Esta postura invierte suavemente el flujo sanguíneo y ayuda a calmar el sistema nervioso, preparándote para un descanso reparador.

Incluir una pequeña práctica de gratitud hacia tu cuerpo puede ser profundamente transformador. Dedica unos minutos, antes de dormir o al terminar tu práctica de yoga, a recorrer mentalmente cada parte de ti: agradece a tus pies por sostenerte, a tus piernas por llevarte, a tus manos por crear y cuidar, a tu respiración por acompañarte siempre. Reconoce tanto sus fortalezas como sus limitaciones… con la misma mirada amorosa y sin juicio.

 

Yoga restaurativo o consciente: por dónde empezar

El yoga restaurativo utiliza bolsters, mantas, bloques, cinturones  para sostener el cuerpo en posturas pasivas que permiten una relajación profunda. Es especialmente beneficioso cuando te sientes emocionalmente saturado y necesitas una práctica que nutra más que desafíe.

Comenzar con sesiones de 20-30 minutos, dos o tres veces por semana, puede ser más sostenible que intentar prácticas largas todos los días. La consistencia es más importante que la duración cuando se trata de sanación emocional.

 

La importancia de crear un espacio seguro para la práctica

Tu espacio de práctica no necesita ser perfecto, pero sí necesita sentirse seguro. Puede ser un rincón de tu dormitorio con una manta especial, o simplemente un lugar donde sabes que no serás interrumpido durante tu práctica.

La seguridad emocional es igualmente importante. Esto significa darte permiso para sentir lo que surja sin juzgarlo, para parar si algo se siente demasiado intenso, y para llorar, suspirar o hacer los sonidos que necesites hacer durante la práctica.

Crear rituales que marquen el inicio y el final de tu práctica (encender una vela, poner música suave, o simplemente tomar tres respiraciones profundas) ayuda a tu sistema nervioso a reconocer que está entrando en un espacio de cuidado y sanación.

 

Liberar es habitarte con honestidad

Practicar yoga no es solo mover el cuerpo: es crear un espacio donde puedas escucharte, permitirte sentir y liberar con suavidad lo que llevas dentro. Cada exhalación es una oportunidad para soltar tensión, cada postura puede convertirse en un puente hacia tu centro.

Liberar las emociones acumuladas en tu cuerpo no es un proceso que ocurra de la noche a la mañana. Es un viaje de reencuentro contigo mismo, donde cada práctica es una oportunidad de honrar tanto tu fortaleza como tu vulnerabilidad. Es aprender a habitar tu cuerpo no como una máquina que debe funcionar perfectamente, sino como el hogar sagrado de tu experiencia humana.

El yoga te invita a desarrollar una relación más amorosa y compasiva contigo mismo. Te enseña que está bien sentir, que está bien necesitar tiempo para sanar, que está bien no tener todas las respuestas. En un mundo que nos empuja constantemente hacia afuera, el yoga nos trae de vuelta a casa: a nosotros mismos.

Si sientes que ha llegado el momento de integrar esta práctica transformadora en tu vida, te invito a conocer más sobre cómo trabajo el yoga desde la escucha y la conciencia. Además, estoy formando un nuevo grupo online al mediodía para quienes desean practicar desde casa en un entorno seguro y respetuoso. Puedes elegir la modalidad que mejor se adapte a tu ritmo de vida: una clase a la semana para empezar suavemente, dos días semanales para profundizar más, o clases sueltas si prefieres flexibilidad total.  Si te apetece comenzar este viaje de autoconocimiento y sanación, escríbeme sin compromiso y te contaré cómo puedes empezar a cuidar de ti a través del yoga, conectando contigo desde donde estás ahora mismo.

Recuerda: tu cuerpo ha guardado cada historia, cada emoción, cada experiencia. Ha llegado el momento de escuchar con amor lo que tiene para decirte.

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Isabel Rubio - Equilibrio esencia

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