Una mirada al desarrollo personal, a la escucha interna y al camino de volver a nosotros mismos.
¿Y si no es el destino?
Hay frases que simplemente leemos.
Y hay frases que, cuando las dejamos reposar, empiezan a hacernos preguntas. Y esto me ha ocurrido con esta famosa frase de Carl Jung:
“Hasta que hagas el inconsciente consciente, éste dirigirá tu vida y lo llamarás destino.”
Cuando la leí por primera vez, creo que no la entendí del todo. Pero esta semana la he escuchado varias veces y ayer, al abrir la app con la que medito, apareció de nuevo…y esta vez me detuve a reflexionar, y me hizo pensar en todas esas veces que creemos que algo simplemente nos pasa.
Que siempre terminamos en el mismo tipo de relaciones.
Que volvemos a tomar las mismas decisiones.
Que reaccionamos de la misma manera.
Que hay situaciones que se repiten una y otra vez, aunque conscientemente queramos algo diferente.
Y entonces aparece esa palabra:
destino
“Es que siempre me pasa lo mismo.”
“Es que yo soy así.”
“Es que no puedo evitarlo.”
Pero me pregunto ¿y si no todo fuera destino?
¿Y si algunas de esas cosas que vivimos fueran también patrones que hemos aprendido, formas de protegernos, maneras de relacionarnos que se han vuelto tan automáticas que ya ni siquiera las cuestionamos?
Para Jung, una parte de nuestra vida psíquica permanece fuera de nuestra consciencia. Y mientras no la vemos, puede seguir influyendo en cómo sentimos, pensamos y actuamos.
Hacer consciente no significa juzgar.
Significa mirar.
Reconocer.
Comprender.
Y, poco a poco, recuperar la posibilidad de elegir.
Porque quizá ahí empieza una parte importante del desarrollo personal:
“cuando dejamos de preguntarnos únicamente ‘¿por qué me pasa esto?’ y empezamos a preguntarnos ‘¿qué está pasando en mí?’”
Voy a intentar relacionar esto con el eneagrama, comenzaré este primer artículo con el eneatipo 9 y en los próximos continuaré con el resto de eneatipos.
Eneatipo 9
Esta reflexión me parece especialmente interesante cuando nos acercamos al eneatipo 9.
En el eneagrama, el 9 se relaciona con la búsqueda de armonía, la evitación del conflicto y una tendencia a desconectarse de las propias prioridades o deseos para mantener la paz y atender lo que sucede alrededor.
Pero hay algo que me parece importante:
el 9 no necesariamente se aleja de sí mismo de una manera evidente.
Muchas veces lo hace de una forma casi imperceptible… Adaptándose, cediendo, esperando, comprendiendo, diciendo “como tú quieras”, “no pasa nada”, “ya lo hare”, “no merece la pena discutir”…
Y ninguna de estas frases es mala.
Al contrario.
A veces adaptarnos es amor.
A veces ceder es generosidad.
A veces elegir la paz es una decisión consciente.
El problema es cuando dejamos de elegirlo y lo hacemos automáticamente, cuando para que todo esté bien fuera, dejamos de preguntarnos cómo estamos nosotros dentro.
¿Y tú dónde estás?
Quizá esta sea una de las preguntas más importantes para un 9.
En lugar de ¿Qué necesita el otro? ¿Qué debería hacer? O ¿Qué sería mejor para todos?
Preguntarse:
¿y yo?
¿Dónde estás tú en todo esto?
¿Qué necesitas?
¿Qué quieres?
¿Qué sientes?
¿Qué te apetece?
¿Qué no quieres?
¿Qué llevas demasiado tiempo posponiendo?
Y quizá aparezca un:
“No lo sé.”
Y está bien.
No necesitamos tener inmediatamente todas las respuestas.
A veces hemos estado tanto tiempo mirando hacia fuera que necesitamos volver a aprender a mirar hacia dentro.
Y aquí aparece una buena noticia: El cuerpo puede ayudarnos a volver
Aquí es donde la conexión con el cuerpo, la meditación y la visualización puede convertirse en una herramienta preciosa.
Porque a veces la cabeza dice:
“Estoy bien.”
Pero el cuerpo cuenta otra historia, y a veces podemos sentirnos cansados, con tension, con pesadez , quizás con una sensación de alivio cuando imaginamos una posibilidad y de contracción cuando imaginamos otra.
No necesitamos interpretar cada sensación, ni convertirla en una explicación.
Podemos simplemente observarla.
Respirar.
Y preguntar:
“¿Qué está pasando dentro de mí?”
A veces el cuerpo no nos da la respuesta.
Pero sí consigue algo muy importante:
nos ayuda a parar.
Y cuando paramos, podemos empezar a escuchar.
Quizá debajo del enfado haya algo que necesitas escuchar
También podemos encontrarnos con el enfado.
Y esto es especialmente interesante en el trabajo con el eneatipo 9, porque la ira no siempre aparece como una explosión.
A veces se convierte en irritación.
En bloqueo.
En resistencia.
En procrastinación.
En cansancio.
En un “no tengo ganas”.
En ese pequeño resentimiento que aparece cuando llevamos demasiado tiempo diciendo que sí cuando, en realidad, queríamos decir otra cosa.
No se trata de aprender a enfadarnos.
Se trata de aprender a escuchar qué nos está queriendo decir el enfado.
Quizá hay un límite que poner, una necesidad, un deseo.
Por eso podemos preguntarnos:
“Si no tuviera que ser comprensiva con nadie, ¿qué me enfadaría de esta situación?”
“¿Qué me está intentando contar ese enfado?”
¿Qué quieres tú?
Puede parecer una pregunta sencilla.
Pero no siempre lo es.
¿Qué quieres tú?
Y si no lo sabes, podemos empezar más pequeño.
¿Qué prefieres?
¿Qué no quieres?
¿Qué te apetece?
¿Qué te da energía?
¿Qué te la quita?
¿Qué te gustaría decir?
¿Qué llevas tiempo queriendo hacer?
A veces volver a nosotros mismos no empieza con una gran decisión.
Empieza con algo mucho más pequeño:
“Esto sí.”
“Esto no.”
“Esto me gusta.”
“Esto ya no.”
Y cada una de esas pequeñas elecciones puede convertirse en una forma de volver a ocupar nuestro propio espacio.
De la consciencia a la elección
Aquí es donde para mí se encuentra una parte muy bonita del desarrollo personal.
Porque hacer consciente un patrón no sirve de mucho si únicamente conseguimos entenderlo.
Podemos saber perfectamente por qué hacemos algo… y seguir haciéndolo.
La consciencia necesita convertirse poco a poco en elección.
Por eso podemos recorrer este pequeño mapa:
CUERPO → CONSCIENCIA → EMOCIÓN → DESEO → DECISIÓN → ACCIÓN → PRESENCIA
CUERPO
¿Qué está pasando en mí?
CONSCIENCIA
¿Qué estoy empezando a ver?
EMOCIÓN
¿Qué siento realmente?
DESEO
¿Qué quiero yo?
DECISIÓN
¿Qué elijo?
ACCIÓN
¿Qué pequeño paso puedo dar?
PRESENCIA
¿Cómo puedo seguir siendo yo mientras estoy en relación con los demás?
No se trata de dejar de ser quien eres
Y esto me parece fundamental.
Si eres una persona que cuida, no necesitas dejar de cuidar.
Si eres comprensiva, no necesitas dejar de comprender.
Si buscas armonía, no necesitas convertirte en alguien conflictivo.
El trabajo no consiste en irnos al extremo contrario.
Consiste en poder hacer todo eso sin desaparecer de nosotros mismos.
Puedo escuchar al otro y escucharme.
Puedo comprender al otro y comprenderme.
Puedo cuidar y dejarme cuidar.
Puedo decir que sí.
Y también puedo decir que no.
Puedo buscar la paz… sin tener que pagarla con mi propia ausencia.
Volver a mí
Quizá el desarrollo personal no consista tanto en convertirnos en alguien diferente.
Quizá consista en volver.
Volver al cuerpo.
Volver a nuestras necesidades.
Volver a nuestros deseos.
Volver a nuestras emociones.
Volver a nuestra voz.
Volver a elegir.
Y quizá eso sea precisamente lo que Jung nos propone cuando habla de hacer consciente aquello que permanecía inconsciente:
ver lo que antes no veíamos.
Porque cuando puedo verlo, puedo empezar a elegir.
Y cuando puedo elegir, algo cambia.
Ya no todo tiene que ser destino.
Puedo estar en paz sin estar ausente de mí.
Y quizá esa sea una de las formas más bonitas de volver a nosotros mismos:
seguir estando para los demás, sin dejar de estar para nosotros.
Una pregunta para quedarte hoy
La próxima vez que te escuches decir:
“Me da igual.”
Haz una pequeña pausa.
Respira.
Y pregúntate:
“¿De verdad me da igual?”
Y si la respuesta es no…
no necesitas hacer nada todavía.
Solo escucha.
Quizá haya una parte de ti que lleva tiempo esperando que vuelvas.
A ti.





